El Cerrato Castellano

El Cerrato es una comarca natural española perteneciente a Castilla y León, que comprende espacios de las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid, aunque la parte más extensa corresponde a Palencia. Con una extensión de 3.200 km², casi 25 000 habitantes y a una altitud media de 783 msnm, la comarca contiene 37 villas, un lugar y la ciudad de Dueñas, título que la fue concedido por Alfonso XIII en 1928. Sus capitales a lo largo de la historia han sido Castroverde de Cerrato, Palenzuela y desde finales del siglo XV, Baltanás, mayor extensión.

Cerrato viene del latín cirratus que significa “tierras onduladas o montuosas dominadas por cerros o cerrales”.

El Cerrato son páramos o altiplanicies delimitados por laderas de fuertes pendientes (comunmente conocidas como “cuestas), que se elevan desde cotas entorno a los 700 m.s.n.m. hasta entorno a los 900 m.s.n.m. y que forman parte de la cuenca hidrográfica del Duero entre Palencia, Burgos y Valladolid, caracterizados por sedimentos modernos de arcillas, arenas, margas, yesos y microconglomerados, que se fueron depositando muy lentamente a lo largo de dos períodos distintos: uno durante el Mesozoico, concretamente a finales del Jurásico principios del Cretácico (aprox. unos 200 m.a.) y otro durante el Cenozoico, concretamente a finales del Mioceno (Periodo Pontiense, aprox. 6,5 m.a.). En ambos períodos, se formaron una serie de lagunas endorreicas o mares interiores alimentadas en un principio por pequeñas corrientes de agua dulce. Esto permitió que a lo largo de millones de años se establecieran en estas zonas unas aguas someras o de poca profundidad, que fueron el hábitat de pequeñas poblaciones de mircroalgas y pequeños animales con conchas ricas en carbonato cálcico: foraminíferos, cuya muerte, posterior sedimentación en el fondo y compactación final de los mismos, permitió la formación de una “costra” de caliza que cubrió los sedimentos anteriores. Sería la formación de las Calizas Pontienses o “calizas del páramo”. En un ambiente cada vez más cálido y seco el aporte de agua dulce a estas zonas fué disminuyendo hasta que se interrumpió. Al no existir tampoco una salida al mar, se produjo una elevada evaporación, se elevaron concentraciones de sales minerales y finalmente se desecaron estas zonas.

Estos sedimentos que se han ido depositando siguen una ordenación estratigráfica cronológica de tal manera que los más antiguos se sitúan en la base y los más modernos se encuentran en la parte superior de estos altiplanos. Empezamos por estos últimos: su naturaleza geológica es caliza, se componen de una parte que es de consistencia gruesa y dura, compacta, de color blanco o blanco-rojizo, son los llamados “litosoles” (suelos de roca dura) o “lastras” nombre empleado comúnmente por los agricultores de la zona, y por otra parte se encuentran las llamadas rendzinas (cuando la vegetación instalada ha sido capaz de meteorizar la roca dura y convertirla en suelo algo más profundo, apto para el desarrollo de especies arbóreas). Por debajo se encuentran materiales más blandos, de color blanquecino o verdosillos (xerorendzinas), fácilmente erosionables por los agentes meteorológicos: son las margas y yesos que se pueden apreciar a lo largo del perímetro de este monte delimitando pequeñas pendientes abruptas a modo de cortados denominadas “cuestas”; es en estos suelos cuando la vegetación herbácea gipsófila o gipsícola (típicas del yeso), es capaz de instalarse.

Tras el basculamiento posterior de la Meseta Norte hacia el oeste y el cambio del clima que tuvo lugar durante el Pleistoceno  (aprox. unos 2,5 m.a.), con un nuevo aumento de las precipitaciones, lo cual favoreció la aparición de nuevas corrientes de agua superficiales que ejercieron una importante acción erosiva sobre las calizas de páramo, de tal manera que estas fueron rompiendo los distintos estratos geológicos que subyacen a las mismas, modelándolas hasta conformar su estado morfológico y orográfico que más o menos hoy conocemos en la actualidad: El Cerrato Castellano. Un paisaje caracterizado por amplios páramos y llanos por encima, de suelos poco profundos y pedregosos, roturados por la actividad agraria para el cultivo de herbáceas, fundamentalmente cereal y leguminosas.

Alrededor de los páramos se encuentran las vegas fértiles donde se instala la población humana y se desarrolla la agricultura extensiva de secano y regadío. En la zona más baja, se encuentran las arcillas amarillento-rojizas que constituyen la “terra-rossa”.

El clima actual de esta zona meridional de la provincia de Palencia y Valladolid es propiamente mediterráneo de transición continental, de ombrotipo seco o subhúmedo, es decir, caracterizado por escasas precipitaciones (rango de precipitaciones: 350-600 mm/año), con elevadas temperaturas durante la estación estival y temperaturas frías durante la estación invernal, con presencia de períodos con heladas moderadas, propio del piso bioclimático mesomediterráneo(600/700 m.s.n.m. a 1.300/1.400 m.s.n.m.).

En cuanto a la hidrología de la zona, el espacio está circundado por los ríos Pisuerga, Carrión, Esgueva, Arlanza y Arlazón.

La situación Biogeográfica de la vegetación típica del monte estaría enmarcada según la clasificación publicada por RIVAS MARTÍNEZ, S. et al (2004), en el Reino Holártico (propio de de las tierras templadas del hemisferio norte), Región Mediterránea (caracterizada por la existencia de un período de sequía estival), Subregión Mediterránea-Occidental (caracterizada por inviernos fríos), Provincia Mediterránea-Ibérica-Central (zonas centro-orientales de la Península Ibérica donde predominan suelos calcáreos y los inviernos son poco lluviosos), Subprovincia Castellana (comprende Castilla, El Maestrazgo, La Mancha y La Alcarria), Sector Castellano-Duriense (zona de páramos y parte central de la cuenca del Duero), Distrito Cerrateño (comprende El Cerrato y Montes Torozos).

Las especies forestales que predominan son la encina o carrasca Quercus ilex subsp. ballota (=Quercus rotundifolia) y el roble carrasqueño o quejigo Quercus faginea subsp. faginea. Son los máximos representantes de un tipo de ecosistema propio de estas latitudes: el bosque mediterráneo continental; son formaciones vegetales organizadas por un estrato superior formado por grandes árboles que en su conjunto se conocen con el nombre “carrascales de paramera” por un lado en las zonas secas y “quejigares” en sus zonas más umbrosas y por tanto frescas (subhúmedas). Este es un bosque climácico condicionado por una amplia amplitud térmica entre el verano y el invierno (altas temperaturas en verano y frías en invierno con frecuentes y moderadas heladas durante el invierno), bajas precipitaciones (entorno a los 400 mm. anuales de media), y la tipología del suelo donde se desarrolla: “Calizas del Páramo”, margas calizas, margas yesíferas e incluso yesos. Ambas especies se caracterizan por poseer hojas pequeñas y endurecidas (esclerófilas) que les permite reducir la perdida de agua por evapotranspiración.En el páramo, los encinares pueden estar salpicados de otros elementos de la flora propia de otras comunidades vegetales climácicas. Unas veces porque estos se encuentran en una situación denominada “ecotono”, es decir, en el límite de transición entre una comunidad vegetal y otra (como de forma evidente se puede observar entre encinas y quejigos; estos últimos incluso podemos comprobar su presencia entremezclados con las encinas en zonas interiores del páramo donde esa “lastra” caliza ha sido quebrada buscando con ello la frescura que proporciona las copas de los ejemplares de encinas más longevos. Otras porque se encuentren en una etapa de expansión desde su área de distribución biogeográfica natural como podría ser el caso de la sabina albar Juniperus thurifera, la coscoja Quercus coccifera, el aladierno Rhamnus alaternus, la gayuba Arctostaphylos uva-ursi, la adelfilla Bupleurum fruticosum, o elementos esteparios como el cañadillo Ephedra distachya y la alcanforera Camphorosma monspeliaca.

Indicar que sobre la cobertura arbórea autóctona, existen algunas repoblaciones de coníferas, fundamentalmente realizadas con pino carrasco Pinus halapensis, en ocasiónes entremezclados con pino piñonero Pinus pinea y pino resinero o negral Pinus pinaster así como ciprés de Arizona Cupressus glabra subsp. arizonica, que fueron practicadas a mediados del siglo XX por el antiugo Instituto pora la Conservacion de la Naturaleza (ICONA), con el objeto de proporcionar una cobertura arbórea que frenara los procesos erosivos debido a la falta de cobertura arbórea autóctona, y el de proveer a la población local de una especie de crecimiento más rápido lo cual le permitiera disponer de una materia prima entonces absolutamente necesaria (madera) a menor tiempo posible.

En las laderas del páramos o “cuestas”, sobre margas yesíferas o calizas, también se desarrollan un importante elenco de plantas herbáceas y matas subarbustivas adaptadas a este tipo de terrenos inestables sin compactar, degradados, secos y salinos (flora gipsófila o gipsícola) extremadamente fundamentales para la protección de estos suelos frente a la acción de los elementos metereológicos adversos (fuertes precipitaciónes), algunas de ellas se encuentran protegidas por la legislación autonómica, nacional o europea, otras aún siendo relativamente frecuentes son objeto de estudio por haber formado parte de la base de la alimentación de las gentes de la comarca y se intenta poner valor su conocimiento más exhaustivo con el objeto de valorar si puede ser económicamente rentable recuperar su producción de forma extensiva.

En cuanto a la fauna, en sus bosques de encina y quejigo, es frecuente observar una gran variedad de aves paseriformes, como herrerillos, carboneros, pinzones…rapaces como el milano común o milano negro (en verano), el búho real, elanio azul, aguila calzada o el águila real, incluso suele ser zona de paso para el buitre leonado; pero también en esta comarca es importante dejar constancia la presencia de especies que raramente se encuentran en otros sitios fuera del Cerrato, como es el rabilargo, el chotacabras pardo, la curruca mirlona. En cuanto a las “cuestas” dónde predomina la vegetación herbácea y subarbustiva gipsícola, es de destacar la presencia de especies singulares como la alondra de Dupont, la collalba rubia o la cogujada montesina.